Tuesday, September 2, 2008

Costumbres y manías japonesas







Estos últimos días no ha pasado nada muy interesante; lo único relevante que pasó el fin de semana es que estuve buscando trabajo y no encontré nada. Ya se me acabaron las fotos que había tomado en los viajes y festivales anteriores, pero como pronto se va a festejar el Día de la Independencia de México en Nagoya, seguramente tendré otra vez muchas fotos interesantes para mostrar. Por lo pronto, voy a comentar brevemente sobre mi búsqueda de trabajo y sobre algunas costumbres japonesas que últimamente he estado observando.

El sábado pasado estuve hablando a las escuelas de inglés que había en Okazaki, y sólo en una me pasaron con el encargado de la escuela, y en cuanto les dije que venía de México me dijeron que no había plazas por el momento, y que hablara hasta el próximo año ... El domingo decidí ir a pedir trabajo a una tienda de computadoras y a un karaoke, y en ambos me dijeron que necesitaba hablar bien japonés para que me dieran un trabajo. Por último, el lunes envié algunas solicitudes a escuelas de español, pero no creo que haya nada por el momento. Esto no significa que no haya ningún trabajo que pueda hacer, pero antes de volver a buscar trabajo mejor le voy a preguntar a mis compañeros que ya trabajan dónde hay trabajo y cómo lo obtuvieron, para evitar estar dando vueltas a lo tonto. Desde mi punto de vista, el conseguir trabajo en Japón para un latino que habla español es mucho más difícil que para otras personas, ya que aquí hay muchos chinos, koreanos y taiwaneses que les pueden dar trabajo a otras personas que hablen chino; en cuanto a los europeos y norteamericanos, si hablan bien inglés hay muchos trabajos como maestros o cosas relacionadas, como ventas.

Desde antes de venir a Japón traté de acostumbrarme a las cosas más usuales que me podía encontrar aquí, como comer con palillos, y algunas otras costumbres las he adquirido después de llegar a Japón, algunas veces sin darme cuenta y otras por lo convenientes que son. La primera y más obvia es comer con palillos; si bien al principio es un poco difícil, no es necesario mucho esfuerzo para aprender a comer con palillos, y dado que casi todo el mundo los usa aquí es bastante útil saber comer con palillos.

Cuando vivía en Guadalajara nunca consultaba el pronóstico del clima, simplemente me asomaba a la ventana para ver si iba a llover o a hacer frío, y mis pronósticos eran mucho mejores que los del meteorológico. Por otro lado, en Japón es bastante bueno el pronóstico del clima y se necesita más a menudo; por ejemplo, para saber si se debe llevar bicicleta y paraguas o no, o para saber si se debe dejar tendida la ropa recién lavada, y en algunos casos, para saber si va a haber muy mal clima como tifones o cosas así. Los pronósticos del clima se pasan constantemente en la televisión, se pueden consultar en internet y hasta con el teléfono celular, así que es muy fácil y útil conocer el pronóstico del clima.

Otra cosa que no hacía en Guadalajara es usar el teléfono celular: en Guadalajara lo odiaba porque sólo servía para que me hablaran del trabajo en la madrugada, y prácticamente no lo usaba para nada. Aquí en Japón me es bastante útil porque me sirve para estar en contacto con los reclutadores, es indispensable si se quiere un trabajo de medio tiempo ya que usualmente por este medio se contacta a la gente para saber su disponibilidad, y si le agregamos las funciones de agenda, cámara fotográfica, visualización de documentos y gráficas como mapas, grabadora, alarma, y algunas otras que todavía no uso como internet, correo electrónico y pago de servicios, pues es totalmente comprensible que los japoneses estén pegados a sus teléfonos celulares todo el día.

Otra costumbre interesante es la de bañarse antes de dormirse, que personalmente me gusta mucho ya que se duerme mucho mejor así, y supongo que sería mucho mejor si tuviera bañera en lugar de sólo regadera. Otra costumbre relacionada y que aunque no me guste la tengo que seguir, es la de no usar perfumes ni desodorantes, ya que en Japón no sólo es casi imposible conseguir esto, además se ve rara una persona que usa perfume o desodorante. En los días de verano por la tarde noto la diferencia entre usar o no desodorante, aunque supongo que con el tiempo y los jabones japoneses poco a poco voy a oler igual que un japonés.

Hablando del verano japonés, al principio resistía el calor sin mayores problemas ya que es muy parecido al calor que hace en Guadalajara, quizás un poco más húmedo aunque yo no lo noté, pero después no resistí la tentación de usar abanicos. En Japón no es extraño usar abanicos, sobre todo en los festivales de verano donde hace mucho calor y hay personas repartiendo abanicos de plástico con propaganda, así que en el festival de fuegos artificiales de Okazaki me dieron uno y desde entonces lo uso casi todos los días en la escuela. Como a nuestros compañeros chinos y taiwaneses les da mucho frío si el aire acondicionado está por debajo de los 26 grados, y para los europeos es una temperatura muy alta, casi todos los occidentales ya nos acostumbramos a usar abanico en las clases. Aparte de usarse para sentir menos el calor, el abanico también sirve para tener algo con qué jugar y para señalar, así que a veces es más una manía que una necesidad.

Sinceramente no se a qué se deba, pero últimamente siento la necesidad de dormir después de la comida. Muchos japoneses acostumbran dormirse en sus escritorios después de comer, y casi todos nuestros compañeros chinos y taiwaneses se duermen después de comer, pero yo no había sentido la necesidad de dormir al mediodía hasta después de que una vez fui al parque Chuo Sogo, y como estaba muy cansado por haber dormido sólo cuatro horas me quedé dormido en un parador del parque. Si se toma una breve siesta después de la comida uno se siente mucho mejor y con más energía, pero esto sencillamente no se acostumbra ni es posible en México. Y si a esto le agregamos que dormir en el parque bajo la sobra de un árbol mientras sopla el viento es muy relajante, es irresistible aunque uno sea occidental y no se acostumbre esto en el país de origen. Ultimamente a la hora de la comida voy a un parque, y después de comer me pongo los audífonos para escuchar alguna lección grabada en el teléfono, y para concentrarme mejor "cierro los ojos" y no los abro hasta que suena la alarma del mediodía o se acaba la lección que estoy "estudiando".

Otra costumbre interesante es la de tomar té verde, pero lleva un poco de tiempo acostumbrarse. Cuando recién llegué a la Villa empecé a tomar té porque el agua embotellada en Japón es cara en comparación con México, y yo no sabía si se podía tomar agua directamente de la llave o no (parece que sí). Al principio le ponía azúcar al té porque a mi me parecía amargo, pero con el paso del tiempo me acostumbré al sabor y ya no le pongo azúcar al té. Sobre esto, una vez me vió un canadiense preparándome té verde y me preguntó por qué tomaba algo tan amargo; poco después aparecieron unos taiwaneses y me vieron echarle azúcar al té, y me preguntaron por qué le echaba azúcar a un té tan dulce. Sospecho que el té no sólo es una bebida sabrosa y barata, creo que además levanta el ánimo y da energía como cuando se toma café, así que es buena idea empezar el día tomando té verde.

Faltan algunas otras costumbres como la de usar pantunflas en la Villa, usar bicicleta para ir a todos lados, ir al karaoke y beber sake en tacitas más pequeñas que la palma de una mano, pero con esto es posible formarse una idea de cómo ha cambiado un poco mi vida desde que llegué a Japón.

Las fotos de hoy son de las lluvias del fin de semana.

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